Martín Palacio Gamboa – 2013 – Declaración Conjunta

coverComentario:
En “Declaración conjunta” conviven el blues con el arte juglar, la balada con el canto gutural, los payadores con cierta veta de la poesía francesa del siglo XIX, Góngora con el tango. Convivencia no es cambalache, ni variedad de estilos es saturación; tal es la regla no escrita que esgrime Palacio Gamboa en este disco. Eso y la reencarnación vocal de Ignacio Corsini.

Salvando la distancia temporal, la repercusión en los medios y la propia mediación de la poesía –funcional en Corsini, germinal en Palacio Gamboa–, hay mucho del argentino en la actitud del uruguayo, algo que se evidencia más allá de algunos registros vocales que el bardo del siglo XXI reproduce del cantor del siglo pasado.

“Más allá de las palabras”, la balada con la que abre el disco, haría derretir a la más fiel de las seguidoras de Ricardito Arjona si la fémina en cuestión abriera su corazón, claro está, a las guitarras azules y las canciones de Caetano, comprendiendo además que Sansueña es una tierra mítica de la memoria y el viaje y no una marca de veladores o sahumerios o saltos de cama.

En “Canción de la paloma herida”, Palacio Gamboa se convierte en un hacedor de letanías, una especie de misionero enamorado y brutal con un único objetivo: hacerse con la mujer amada. No sé por qué –tal vez por asociación, tal vez por ignorancia– al escuchar esta canción, recordé El promesante de Atahualpa Yupanqui, cantor con el que nuestro juglar tiene más de un punto en común.

“Epitafio desmesurado a un poeta” es una colaboración entre el bardo Miguel Hernández y Palacio Gamboa. El tema, nos informan, lo compusieron en la Barra del Chuy, un tórrido verano de 1941, cuando las primeras señales de tifus se cernían sobre el poeta de Orihuela. No sé si esto es verdad, más bien creo que no… pero lo cierto es que en Palacio Gamboa, los versos de Hernández adquieren una desoladora cercanía. Y si no, escuchen como el yorugua canta/grita “No se si en su hirviente frente…”.

¿Qué decir del “Monólogo segundo de Segismundo”? Que arranca como un Dylan folk de frontera (recordemos que el hombre se crió y vivió en el Chuy). Que los arreglos de las décimas, casi con gestos de cifra, son perfectos. Que si este mundo delirante tuviera algún sentido de la justicia, sería un hit radial que haría que Palacio Gamboa se llenara de guita, se vendiera al sistema y lo explotara desde dentro. Allí está Corsini, además. ¡Escuchen, escuchen!

Otra décima: “Milonga del amor impar”. Solo diré algo: alguien que arranca la canción con este díptico, tiene mi veneración: “Aunque se muestre fierita / y lunfardee a lo Rivero…”. El tipo es crá. Me dicen que el tal Rivero fue un destacado cantor de tangos, de prominente nariz. Y siguiendo con el hatajo de segundones a los que Palacio Gamboa recurre para confeccionar estas gemas sonoras, “Límites” fue escrita por el baladista Jorge Luis Borges. Personalmente, es la canción que menos me gusta porque, creo, es en la que menos arriesga el bardo oriental. ¿Qué quisiste hacer, Palacio Gamboa? ¿Es una fucking joke? Además, es muy larga y, lo que es más terrible, suena a… Nito Mestre!!!

Pero por fortuna, en séptimo lugar, ya en la recta final, el trovador nos hace olvidar el mal trago con esa joya sublime que es “Amigo Baudelaire”. Miren esto: “Amigo Baudelaire, / recuerda que no hay un bar / donde el abismo se amonede / por un poco de clonazepam”. En esta canción se conjugan todos los vicios, las pasiones y los fantasmas de Palacio Gamboa aunque, claro está, para verlas y aprehenderlas, hay que leer y escuchar entre líneas o entre acordes. Verdadero punto alto de Declaración conjunta.

“A mi estatua de barro”, penúltima canción, es una sonorización de unos versos de Hugo Emilio Pedemonte que Palacio Gamboa canta. Solo diré esto, parafraseando a Bobby Dylan en Soñé que vi a San Agustín: “I put my fingers against the glass / and bowed my head and cried”. ¿La cazaste? Y ahora, unas palabras sobre el apoteótico final del discazo del bardo melenudo: “Gatamaga”. En esta canción sutil y perfecta, como cualquiera de las que compuso Nick Drake, Palacio Gamboa habla del paso del tiempo y de los rituales cotidianos, de la intimidad y el olvido y también acerca del difícil arte de conocerse.

-de Martín Bentancor, “Teníamos a nuestro propio Corsini y no nos habíamos dado cuenta” (http://asuntoliterario.blogspot.com/2013/10/teniamos-nuestro-propio-corsini-y-no.html

Contactos:
http://martnpalaciogamboa.bandcamp.com/releases

Tipo de material: Audio
Año: 2013
Sello: Independiente
Formato: Mp3
Origen: Descarga libre
Género: Música popular urbana
Calidad: 128kbps
Tamaño: 12mb

Temas:
01 – Más allá de las palabras (Martín Palacio Gamboa)
02 – Canción de la paloma herida (tema anónimo árabe del siglo X – versión libre de Martín Palacio Gamboa)
03 – Epitafio desmesurado a un poeta (Miguel Hernández – Martín Palacio Gamboa)
04 – Monólogo segundo de Segismundo (calderón de la Barca – Martín Palacio Gamboa)
05 – Milonga de amor impar (Martín Palacio Gamboa)
06 – Límites (Jorge Luis Borges – Martín Palacio Gamboa)
07 – Amigo Baudelaire (Martín Palacio Gamboa)
08 – A mi estatua de barro (Hugo Emilio Pedemonte – Martín Palacio Gamboa)
09 – Gatamaga (Martín Palacio Gamboa)

Muchas gracias, Martín Palacio!!

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Publicado el 07/06/2015 en Audio: Música popular urbana, Martín Palacio Gamboa. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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